domingo, 1 de febrero de 2009

Día 1: Llegar sin morir en el intento

El día 1 fue ayer, y qué día más largo joer (fíjate que me sale rima asonante y todo)!

Todo empezó a las 4 de la mañana, que es cuando nos levantamos (ingeeenuos) para estar en el aeropuerto las 3 horas antes que dicen que tienes que estar para vuelos a USA. MENTIRA! Al menos en el aeropuerto de nuestra fabulosa ciudad y en Spanair, porque estuvimos más de una hora esperando para que aparecieran las tipas del check-in. Eso nos dio tiempo para pedirle al chico que te forra las maletas con plástico si nos dejaba pesarlas, (porque la báscula que me dejaron los vecinos la noche anterior se quedó sin pilas antes de terminar), y menos mal, porque efectivamente una pesaba kilo y medio de más (23 kg por pieza, dos piezas por persona, para las que vais a venir). Así que, a abrirla, sacar el lactovit y cuatro pijadas más, y ya estaba bien. Por cierto, forrarlas con plástico en el aeropuerto son 5 euros mínimo, pero se puede hacer en casa con film de mercadona por euro y medio, que es lo que yo hice con la que tiene cerradura en lugar de candados (psychotic world USA: si te quieren abrir la maleta, te la abren y te la revientan si es necesario, así que recomiendan llevarlas con candaditos especiales que ellos pueden abrir, o dejarlas abiertas), para que no se abriera por "accidente" (alguien ha visto como suben las maletas al avión?!).
En fin, cuando ya pude facturar, pues hala, a la puerta de embarque. No me hicieron quitarme las botas, pero a todas las tías que vinieron detrás sí (misterios sin resolver). Embarcamos como 5 minutos antes de la hora prevista de despegue (así que casi 1 hora en la sala de embarque), y salimos con una media hora de retraso.

Llegada a Munich dos horas y media después (10:30), con mi compañera de asiento, una ucraniana acojonada porque no sabía donde tenía que coger las maletas para volver a facturar para Kiev, y no hablaba inglés ni alemán. Total, que sus maletas iban directas (como las mías), y finalmente también encontramos su puerta de ebarque. A todo esto, yo casi llego tarde a la mía, porque solo tenía hora y media de escala, y además, te piden la dirección en USA antes de subir (que ya has puesto por internet y has enseñado en el mostrador en España) y la meten en el ordenador. Corriendo por el finger, para que después estuviéramos y media sin poder despegar!
Pero bueno, al final pudimos, (el comandante se disculpaba cada 5 minutos, el pobre hombre estaba a punto de brotar por no poder salir puntualmente y tenía que ritualizar de alguna manera! Es lo que tiene ser alemán.). Yo estaba en la antepenúltima fila del avión (se nota que es un blog con clase, en el que se usan palabras de más de más de 5 sílabas), pasillo, en el lado izquierdo. Airbus 330 (me han dicho) con filas de dos a los lados y una fila de 4 en medio. Cada uno con su pantallita táctil para escuchar música, la radio, ver videoclips, ver películas, ver series, dibujos animados, información del vuelo (altura, velocidad, tiempo que falta, olor de las nubes, etc.), publicidad de la compañía, sexo virtual, tratamiento cognitivo-conductual de crisis de ansiedad), drogas intravenosas, etc. En fin, muy completito. Ah, y el formulario verde del avión lo siguen dando para rellenar, aunque es lo mismo que hay que hacer por internet.
Nos dieron aperitivo, comida y cena (cenamos a las 14 horas, hora USA), que junto con el sandwich de Spanair me dejó sobrevivir (a mí me gusta la comida de los aviones, debe ser una especie de alucinación funcional para poder tolerar la realidad), porque cuando aterrizamos en JFK yo llevaba despierta 16 horas (habiendo dormido 3 la noche anterior), y no fui capaz de pegar ojo en las 9 horas de vuelo! Fue tranquilísimo, sin turbulencias, nos dieron mantita y cojincito, pero nada de eso puede con un buen neurótico ansioso, que cada vez que se le cierran los ojos se despierta sobresaltado imaginando al tipo de inmigración deteniéndolo y enviándolo a Guantánamo. En fin, por lo que sea, pues no pude dormir, y como estaba al final del todo del avión, estaba también al final del todo de la cola de inmigración. Incluso pensé en hacer un síntoma conversivo y desmayarme o algo, pero mi superyo no me lo permitió, así que tras una hora aproximadamente, avanzando como tortuguitas en zig-zag por las filas, como en Port-Aventura, un agente muy simpático con un aire a Denzel Washington (hay que agradecer los pequeños favores en la vida) me cogió las huellas de los 10 dedos (yo estaba dispuesto a poner los de los pies también, pero no hizo falta), me hizo una foto con una webcam, me preguntó que para qué venía (para vender drogas a los niños preescolares y atentar contra Mcdonalds y Coca-cola) y me deseó una buena estancia. ¡YA ESTABA EN USA!
Ahora, las maletas. Pero parece que ya había pasado lo peor, porque me las encontré colocaditas en una fila al lado de la cinta transportadora, al parecer en buen estado, y me fui para la salida (pasando antes por la aduana y enseñando el pasaporte por 23.789.086 vez). Allí me abordó un tipo asiático que me debió reconocer por el letrero de "NOVATA EUROPEA" me preguntó si necesitaba un taxi (superyó de nuevo: cuando alguien te pregunta, respondes) y ante mi respuesta afirmativa, cogio mis maletas y se piró. Evidentemente le seguí, hasta una monovolumen gigantesca, y me dijo que me cobraría 45 dólares por llevarme a Queens, que si me parecía bien. Le dije que no, que lo sentía mucho, pero que prefería coger un taxi de los amarillos de toda la vida, y soltó mis maletas diciéndome que por qué, que él llevaba 25 años aquí, etc., pero se dio por vencido. Así que, con mis 55 kg de maletas, me volví a la puerta del aeropuerto a por un taxi homologado, y ahí hay unos tipos de la compañía de taxis que van distribuyendo a la peña. Así que me tocó el habitual pakistaní/iraní/hindú, con un Ford 4x4, que me llevó para casa. 38,70 me cobró (o sea, bastante menos que el tipo del monovolumen), y como yo tenía la lección aprendida, le di 40 y le dije que se quedara el cambio (acción obligatoria aquí, según me enteré).
Y aquí estaba: en mi nueva casa (prometo fotos hoy o mañana). Me abrió el hijo de la dueña, peruano muy simpático que me subió las maletas (menos mal) y me enseñó la casa. La dueña llegó media hora después y parece majísima. Conocía también a la otra compañera, una francesa de 20 y pico, que al parecer no come (no tiene en la nevera ni una miseable hoja de lechuga) y se va mucho de fiesta y ya me ha ofrecido enseñarme todas la disotecas.
En fin, eran las 6 y media de la tardé, cené un sandwich, me duché y caí como un tronco. Me he despertado, ya fresca como una rosa, a las 3 y media de la madrugada, pero no me costó convencerme de que era un poco pronto para levantarme y he dormido hasta las 6 y media más o menos.

Bueno, eso es todo, por fin. Me he enrollado como una persona, pero como la lectura es voluntaria, allá cada cual.

Muchos besos! (No sé si eso se pone en un blog, pero como es mío, pongo lo que quiero, ;) )

1 comentario: